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Qué es el Buen Vivir

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ATAWALLPA OVIEDO FREIRE

Hasta el 2006, en el mundo entero se decía que solo existían dos sistemas posibles para la humanidad: el capitalismo o el socialismo, la derecha o la izquierda, con sus múltiples variantes y grados entre ellas. Pero actualmente se hablan de otras vías y de otros sistemas, los mismos que han llamado la atención de muchos, especialmente, de la intelectualidad política y de la academia en algunas universidades del mundo.

Estos nuevos paradigmas, entre otros, son: la democracia horizontal, la sociocracia, el decrecimiento, la ecología profunda, los bienes comunes, las ecoaldeas, las autonomías, el buen vivir (sumak kawsay). Esta última, hace una ruptura concreta al haberse introducido oficialmente en las Constituciones Políticas de Ecuador y Bolivia. Como también, la introducción que se hiciera de los Derechos de la Naturaleza en la Carta Magna del Ecuador, convirtiéndose en el primer caso en el mundo ya que todas las demás solo hablan de los Derechos Humanos. Luego, también lo incorporó Bolivia, que habla de los derechos de la Madre Tierra (Pachamama). Y así, otros países han comenzado a introducir paulatinamente en sus constituciones políticas.

Algunas características básicas del “Buen Vivir” son: El Buen Vivir no busca el crecimiento en ninguna expresión de la vida sino la mantención de la armonía y el establecimiento del equilibrio como acción humana, siguiendo o reproduciendo a la acción de la naturaleza. No pretende ganar y ganar, porque éste se convierte en un estado compulsivo o de ansiedad por ganar más y más. Mientras que con la equidad se busca la estabilidad dinámica entre todos los sistemas que hacen la vida.

El Buen Vivir toma como referente y maestro a la racionalidad ambiental, observando que ésta no está en desarrollo ni en crecimiento ni en progreso, sino que su sentido de existencia es guardar estabilidad en movimiento entre el caos y el orden, entre lo intuitivo y lo racional, entre lo energético y lo material. Un existir en complementariedad para reproducirse armónicamente.

El Buen Vivir cuestiona el paradigma del desarrollo, en especial al crecimiento económico por su incapacidad para resolver la pobreza. Pues, sus prácticas han provocado severos impactos sociales y ambientales, al poner su énfasis en el mercado, la obsesión por el consumo y la utopía de un progreso continuado e ilimitado.

El Buen Vivir considera que el paradigma del desarrollo y del crecimiento son conceptos en decadencia, con claras implicaciones coloniales, totalitarias y hegemónicas. Presentándose el Buen Vivir, como una vía para superar esas limitaciones que se vienen dando con la globalización en curso.

El Buen Vivir no reconoce al crecimiento económico o al consumo material por sí solos como indicadores de bienestar. Si lo material no va concatenado con lo psicológico, emocional, espiritual, no hay Buen Vivir sino un relativo Bienestar material para ciertas familias. La calidad de vida no hace referencia solo a las personas sino a la naturaleza en su conjunto, siendo el ser humano uno más en la vida y no el centro de todo. Por ello, sus proyectos y sentido de vida son integrales, no pensados ni principalizados solo para el hombre.

El Buen Vivir no separa o divide a la sociedad-cultura de la naturaleza, puesto que el uno contiene al otro y son complementarios inseparables. Tiene otra forma de concebir a lo ambiental y por ende guarda otra forma de relación. El Buen Vivir demanda regresar a la naturaleza, es decir, al saber ambiental como un paradigma sapiencial de integralidad y de completud.

El Buen Vivir cuestiona la base antropocéntrica del capitalismo y de la civilización, que hace que todo sea valorado y apreciado en función de la utilidad exclusiva para las personas. Ante ello, le ha otorgado al ambiente la calidad de sujeto de derechos («derechos de la naturaleza»), rompiendo con la perspectiva antropocéntrica de que es un objeto al servicio del hombre. En el Buen Vivir, todo es visto como relación entre sujetos y no de sujeto a objeto.

El Buen Vivir reconfigura toda la concepción única y universalista de los “derechos del hombre”. Así, la igualdad, la libertad, la paz, la solidaridad, la equidad social, la justicia social, que en la práctica han demostrado que son simple retórica, que no generan nada de lo que dicen. En su defecto, propone la reciprocidad, la correspondencia, la armonía, el equilibrio, la polaridad, la ciclicidad, la estabilidad dinámica, la complementariedad. Conceptos milenarios probados en todo el planeta y no meros experimentos racionalistas y aventuras idealistas.

El Buen Vivir promueve la colaboración entre grupos, pero al mismo tiempo comprende que uno es espejo del otro, por lo que recrea y valora a la oposición como el otro lado que le permite encontrar el punto de equilibrio para no caer en extremismos y dogmas.

El Buen Vivir es ante todo un estado comunitario de vida, que respeta lo individual y lo público (Estado), pero que antepone el interés colectivo al personal, la comunidad humana y extra-humana, es decir, la vida ante todo lo demás. Es una actitud para encontrar equilibrio entre lo colectivo y lo individual, entre lo asociativo y lo estatal.

El Buen Vivir promueve la propiedad en sus diferentes formas, sin rechazar la propiedad individual y la estatal, pero anteponiendo la propiedad y producción comunitaria. Con ello, rompiendo con la falsa lógica binaria entre mercado/Estado, individuo/público, que ha sido el esquema impuesto por el capitalismo, y aceptado por la izquierda y derecha. Mientras desde la alteridad se rebasa esta dicotomía, que solo es parte del capitalismo y al interior de la civilización, por ello, promoviendo no solo un trans-capitalismo sino una trans-civilización.

El Buen Vivir propugna un mundo «hecho de muchos mundos», donde conviven, se confrontan y dialogan diferentes racionalidades culturales. Se basa en el reconocimiento y respeto de la diferencia y de la diversidad. La diferencia como una riqueza de la vida y la diversidad como la expresión más bella de la existencia. No busca la igualdad, la libertad, la fraternidad, que no se ha logrado en ninguna parte del mundo; sino la oposición de complementarios como guía natural para aplicarla socialmente.

El Buen Vivir es la más importante corriente de reflexión que ha brindado Interamérica al mundo, al establecer otro modo de comprensión del mundo, para otra forma de habitarlo y de hacerlo durable y sostenible para las generaciones futuras, y para la prolongación o sobrevivencia de la especie humana.

Otros paradigmas de gran relieve, aunque no han sido reconocidos por los estados nacionales (y que es mejor que no sea así luego de la experiencia del “buen vivir” en Ecuador y Bolivia), son los procesos autonómicos en distintas partes del mundo, sobresaliendo las experiencias en México por parte de los “zapatistas” y de otras comunidades de Oaxaca; y de otro lado, el proceso del “movimiento sin tierra” en Brasil, de las comunidades Nasa en Colombia y las Kurdas en el Medio Oriente. Todas ellas, como propuestas que están más allá de los sistemas civilizalistas del capitalismo y el socialismo.

Nosotros proponemos integrar a todas estas propuestas, que son bastante similares, dentro del paradigma del mutualismo. Lo que no quiere decir anularlas, sino que el mutualismo tiene varias ramas de acuerdo con la situación de cada región y realidad del planeta. El mutualismo sería el paraguas que cobija y que busca los puntos de contacto y de acuerdo entre todos ellos. Ante todo, que sea una teoría social que oponga y contradiga a los paradigmas de la civilización capitalista-socialista que han gobernado el mundo, especialmente los últimos 200 años.

De otra parte, no se trata de otro paradigma más que surge dentro de la civilización, por el contrario, es una propuesta trans-civilizatoria. El propósito es salir de este sistema que nos ha conducido a la crisis climática y al caos social en todo el planeta, que se ha expresado o visibilizado más claramente con la pandemia del coronavirus.

La civilización ha llegado a su tope y es necesario algo más allá, que no es simplemente salir de la modernidad, del capitalismo, del imperialismo, de la globalización, sino, de todos los fundamentos y estructuras de la civilización con todas sus ontologías, epistemologías y sus instituciones: el estado, los tres poderes, la democracia, el derecho, el presidencialismo, los partidos políticos, etc. Esto es, otro mundo totalmente diferente, no algo reajustado o reacondicionado, que sería un nuevo gatopardismo más en la historia de engaños y mentiras que hemos vivido, especialmente los últimos 100 años.

El mutualismo no es otro modelo de desarrollo, tampoco un sistema alternativo al desarrollo, ni un sistema más allá del desarrollo y la modernidad. Es algo que supera a la civilización, con todos los centrismos que le contiene: el patriarca-centrismo, el cristiano-centrismo, el logo-centrismo, el antropo-centrismo, el capital-centrismo, etc. Esto quiere decir, que el mutualismo no es solamente un modelo económico y/o social y/o político, es ante todo un sistema y modo de vida, dentro de la filosofía de la espiralidad, dentro de una concepción de completud, complejidad e inter-relacionalidad.

El mutualismo que proponemos, tiene mucha relación con concepciones como el animismo, el paganismo, el vitalismo, y una serie de paradigmas de los pueblos antiguos. Sin embargo, no se trata de regresar al pasado ni de despreciar todo lo producido por la civilización, la ciencia, y la tecnología; sino de aprovechar todo lo positivo para continuar caminando en estabilidad, cual es la misión del ser humano y de la vida en general.

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